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Un periodista francés fue prohibido de ingresar a Estados Unidos durante la Copa Mundial 2026.
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Antoine Seville · 11 juin 2026 · 2 min de lectureUn periodista francés aprendió, por su propia experiencia, que las puertas de Estados Unidos no siempre se abren con la misma llave. Mientras se disponía a cubrir la Copa Mundial 2026, se le denegó la entrada al territorio estadounidense, incluso para una simple escala, bajo el pretexto de una «decisión administrativa». Una medida que dejó atónitos a los observadores y a los profesionales de los medios.
El reportero, especializado en fútbol y habituado a grandes eventos deportivos, había reservado un vuelo con escala en Estados Unidos para llegar a Canadá, donde se disputan varios partidos del torneo. Sin embargo, en el aeropuerto de salida, un agente de los servicios de inmigración le comunicó la imposibilidad de transitar por el país, sin otra justificación que la aplicación de un «arbitraje». Sin explicación por escrito ni posibilidad de recurso in situ. Solo la orden de regresar, so pena de ser rechazado de inmediato. Las reacciones no se hicieron esperar. Sus colegas, así como responsables sindicales, denunciaron una medida desproporcionada y opaca.
La FIFA, organizadora del Mundial, aún no ha reaccionado públicamente, pero el incidente plantea interrogantes sobre la libertad de movimiento de los periodistas que cubren el evento. Algunos lo ven como una falla en la preparación logística, otros como una voluntad de mayor control sobre los medios extranjeros. Estados Unidos, donde se celebrarán varios encuentros clave, ha multiplicado los anuncios tranquilizadores sobre la acogida de visitantes y profesionales. Sin embargo, esta prohibición abrupta recuerda que las normas migratorias siguen siendo un quebradero de cabeza para los viajeros, incluso para los acreditados. Y si el Mundial acabara siendo escenario de más sorpresas de este tipo, la organización podría pagar un alto precio. Por el momento, el periodista francés ha tenido que adaptar sus planes, optando por una alternativa a través de Europa. Pero el caso deja un regusto amargo: el de una libertad de prensa que, a veces, se detiene en las fronteras.