Parten hacia Qatar con un sabor amargo en la boca. Los Bleus muestran rostros cerrados, murmullos que se intensifican. Kylian Mbappé, habitualmente tan dueño de sus emociones, parece hervir por dentro. Marcus Thuram, Ethan Mbappé y Ousmane Dembélé cierran filas, pero las miradas de reojo delatan una ira contenida. A pocos días del inicio, el ambiente en el grupo hace rechinar los dientes.
Los redes sociales arden. Entre vídeos de jugadores aislados, mensajes crípticos y rumores de vestuario, todo apunta a que la cohesión se ha resquebrajado. Nuno Mendes, ausente de los terrenos desde hace semanas, está en el centro de los debates. Algunos lo acusan de simular lesiones. Otros susurran que su exclusión del grupo responde a una opción táctica mal asumida.
Los Bleus dan la impresión de un equipo fracturado, a punto de estallar antes incluso del primer partido. En el terreno, los entrenamientos están tensos. Los pases carecen de precisión, los duelos se evitan. Mbappé, capitán interino, intenta mantener una fachada de unidad, pero sus intervenciones son escasas, casi calculadas. Dembélé, por su parte, exhibe una sonrisa tensa, como si estuviera interpretando un papel. Thuram, a la sombra, parece buscar las palabras antes de desaparecer. La sombra del desastre planea. ¿Y si este equipo, aureolado de títulos, no fuera más que un castillo de naipes a punto de derrumbarse? Los aficionados, por su parte, comienzan a dudar. Las críticas llueven, las redes sociales se desbocan. Algunos hablan de falta de líderes, otros de una preparación caótica. Sin embargo, un detalle intriga: las ausencias repetidas de ciertos jugadores en sus clubes.